Mano de Gloria

MANO DE GLORIA Esta mano de gloria es la mano de un ahorcado que preparan de este modo: cúbresela con un pedazo de mor­taja, apretándola bien para hacer salir la poca sangre que pudiese haber quedado; métesela después en un puchero de barro con sal, sa­litre y pimienta, todo bien pulverizado. Déja­sela en este puchero por el espacio de 15 días, después de lo cual se la pone que reciba el ardiente sol de la canícula hasta estar bien seca, y en cuanto éste no baste métesela en un horno caliente con helécho y verbena.
Compónese luego una especie de vela con la grasa del ahorcado, la cera virgen y el zumo de Laponia, y sírvese de la mano de gloria como de un candelero para tener esa maravillosa vela encendida. Todos cuantos hay en los pa­rajes en que se deja ver esta funesta bujía quedan inmóviles y sin poder menearse, cual difuntos.
Varios modos hay de hacer servir la mano de gloria que los malvados conocen muy bien, pero después de mucho tiempo que no hayan ahorcado a nadie debe ser una cosa muy rara.
Dos mágicos, habiendo posado en un figón para robar, pidieron pasar la noche cerca del fuego, lo que se les concedió. Cuando todos se hubieron acostado, la sirvienta, a quien no habían gustado mucho aquellos rostros pati­bularios de los dos viajeros, se fue a escuchar por la cerradura para saber lo que hacían, y vio que sacaban de un saco la mano de algún cuerpo muerto, que untaban sus dedos con un ungüento y después los encendían menos uno que no pudieron por más esfuerzos que hi­cieron, y esto fue, según entendió, por ser ella sola la que no dormía entre todos los de la casa, pues todos los demás dedos estaban encendidos para sumir en el más profundo sueño a los que estaban ya dormidos. Corrió a despertar a su amo, pero no pudo alcanzar­lo, como tampoco a los demás del mesón, has­ta haber apagado los dedos encendidos, cuan­do los dos ladrones ya habían empezado a dar el primer golpe en un aposento vecino. Los dos mágicos viéndose descubiertos huyeron, y no les ha vuelto a ver más.

Es inútil el uso de la mano de gloria para los ladrones cuando se ha tenido la precaución de restregar el umbral de la puerta con un un­güento compuesto de hiél de gato negro, grasa de pollo blanco y sangre de mochuelo, cuyo ungüento debe hacerse en la canicula.